marzo 26, 2015 Maria Gijon 0Comment

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Está claro que es uno de los ejercicios por excelencia. Y lo sabes, pero, confiesa, ¿las haces bien o coges el atajo y apoyas las rodillas? ¡Apúntate a este plan y no habrá flexión que se te resista!

 

Imagínate un ejercicio que combine la tonificación de bíceps, tríceps, pectorales, core, glúteos y piernas. Pues bien, existe y se llama: hacer flexiones. Eso sí, siempre y cuando se realicen correctamente. Así que demuestra la pasta de la que estás hecha ¡y nada de apoyar las rodillas! Eso es lo verdaderamente difícil, pero una vez aprendas a hacerlo de matrícula de honor, notarás (y mucho) los resultados. Carlos Tinoco, Head Coach de Condal Crossfit, asegura: “El problema de hacer las flexiones con las rodillas es que resulta difícil activar el core y los glúteos. Y esto conlleva una perdida de tensión”. En otras palabras, involucra un menor número de músculos y, por lo tanto, genera menos resultados. Así que, ya sabes, la próxima vez que te pongas manos a la obra, saca la espartana que llevas dentro y nada de hacer trampas.

 

Así… ¡sí! La clave está en la técnica. Para empezar, hay que romper con la creencia popular de que las mujeres no podemos hacer una flexión porque no tenemos la suficiente fuerza en el pecho o en los tríceps. Nuestro punto débil, en realidad, es que nos cuesta más controlar los músculos del core y, consecuentemente, mantener la posición de puente durante todo el ejercicio. Por este motivo, debemos evitar realizarlas con las rodillas, no solo para no parecer la princesita del grupo, sino también para aprender a dominar el core y no adoptar malos hábitos.

 

Alta tensión. Es fundamental que mantengas apretados los glúteos y el abdomen. Un truco: imagina que fueras a recibir un golpe. Así los tensarás rápido y de forma instintiva.

 

La regla de oro. ¡Vamos con lo más complicado! Aguanta con la postura en plancha mientras desciendes y, sobre todo, haz que hombros y caderas bajen al mismo tiempo. Mantén los codos cerca de las costillas y, al iniciar el descenso, lleva los hombros ligeramente hacia adelante y los codos hacia atrás.

 

Listas… ¡acción! Pon los hombros sobre las muñecas, coloca los dedos de las manos abiertos y haz una rotación interna de los codos, girándolos hacia las costillas y activando de esta manera la parte superior de la espalda.

 

Cuestión de rutina. Apúntate a este plan y desarrolla tu fuerza en dos sencillos pasos. Alterna estos ejercicios tres veces por semana e incrementa la intensidad con cada sesión (por ejemplo, sumando repeticiones). ¡Adelante!

 

*Originalmente publicado en Women’s Health (marzo 2015).

 

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