septiembre 4, 2013 Maria Gijon 0Comment


«El amor es el motor de la vida, tanto en el mundo de la legalidad, como en el de la ilegalidad».

Una vez más, Andrés López López nos invita a ir de su mano y adentrarnos en el mundo del narcotráfico con El Señor de los Cielos (Ed. Prisa Ediciones- Aguilar). Con esta obra conoceremos la historia de Damián Torres, personaje que encarna a Amado Carrillo Fuentes, considerado como uno de los narcotraficantes mexicanos más importantes de las últimas décadas que se ganó el sobrenombre de dueño del firmamento al construir su imperio de tráfico de drogas a través de aviones privados y comerciales. El escritor colombiano, que perteneció al cartel del Norte del Valle y fue encarcelado por narcotráfico en Estados Unidos, después de atrapar a sus lectores con el libro El Cartel de los sapos (Ed. Seix Barral) y de hipnotizar a miles de espectadores con series como El Cartel y Las muñecas de la mafia (Caracol Televisión), se propone volver a revolucionar la literatura con una novela basada en un hecho real que no dejará indiferente a nadie. Con voz serena y tono cálido, Andrés nos habla sin tapujos de sus experiencias y de los sueños que le quedan por cumplir y nos explica todos los secretos de una obra cargada de situaciones de peligro extremo y adrenalina, propias de una vida que cruzó la frontera de la ilegalidad, y que contrastan sorprendentemente con la relación de Carrillo Fuentes y sus seres queridos, llena de pasión y amor, que hila armónicamente todas las páginas del libro.

¿Qué hay detrás del mito? La gente conoce al Señor de los Cielos, sin embargo, yo me propuse plasmar la verdadera historia de Amado Carrillo Fuentes. Para ello, no me bastó conocerlo hace unos años, cuando andaba metido en el mundo del narcotráfico, tuve que entrevistarme con gente que realmente había compartido experiencias con él, y es que la vida de este hombre fue tan compleja que un par de encuentros no fueron suficientes para recrear su vida en toda su esencia.

 

 

¿Cómo ha sido construir una historia envuelta de leyendas? Se convirtió en un proceso de investigación complejo, pero en el que realmente aprendí mucho. Tras años de arduo trabajo conseguí entrevistarme con los agentes federales de los Estados Unidos y de México, narcotraficantes y ex socios, y además, tuve la maravillosa oportunidad de contar con la colaboración de la familia de Carrillo Fuentes.

 

 

¿Llegaste a sentir miedo? Al escribir esta obra sentí desde angustia a temor. Sin embargo, precisamente eso es lo que busco cuando escribo, llegar a sentir emociones de todo tipo.

 

Si tuvieras que escoger un adjetivo para definir a Carrillo Fuentes… Es complicado describir a un ser así. Si le preguntas a las autoridades, te dirán que era Hitler. Si hablas con su familia, te asegurarán que era un ángel, un padre y hermano como ninguno. Para sus socios y el mundo del narcotráfico siempre fue un referente, de hecho, el recuerdo que tengo de su persona es el de un hombre emblemático, que infundía mucho respeto.

 

Se puede decir que era un hombre “exitoso” en su trabajo, sin embargo, ¿era feliz? En su mundo sí, lo que sucede es que cuando te dedicas al narcotráfico vives tan al filo de la navaja que apenas tienes tiempo para reflexionar, la felicidad pasa a un segundo plano. Incluso estás mentalizado de que en algún momento tu historia va a tener un final trágico, y el caso de Carrillo Fuentes no iba a ser una excepción.

 

¿Qué movía a Carrillo Fuentes? El amor es el motor de la vida, tanto en el mundo de la legalidad, como en el de la ilegalidad. Es lo que da sentido a tus sueños, anhelos, acciones… Estos personajes, sean héroes o villanos, tienen emociones.

 

¿Cuáles crees que eran sus fortalezas y debilidades? Al final de su vida, su gran fortaleza, el amor que sentía por su familia, se convirtió en su principal debilidad, ya que sus enemigos supieron ver en sus seres queridos un blanco fácil y la mejor forma de hacerle sufrir. Me emociona ver cómo un hombre tan lleno de maldad, a su vez sentía tanta pasión.

 

En pleno siglo XXI, ¿el narcotráfico sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad? Por desgracia, sí, tenemos que contar a la gente lo que sucede. En Colombia por ejemplo, mi país, tanto las autoridades, como investigadores y periodistas decidieron plantar cara a la situación y pese a que hubo consecuencias terribles, con valentía y coraje se consiguió enfrentar a las organizaciones mafiosas y denunciarlas.

 

¿Algún día se podrá escribir sobre el fin del narcotráfico? Hablamos de un problema global, un adicto es un enfermo y, como tal, hay que tratarlo, sin embargo, no parece que a nadie le interese solucionar el problema, y es que mueve millones de dinero y de personas, tanto a favor, como aquellas que supuestamente deben combatirlo. Al final, en países en los que los ricos cada vez son más ricos y los pobres, más pobres, en el que perder o ganar es cuestión de a quién conoces, desgraciadamente, la gente menos favorecida acaba viendo una salida en el narcotráfico.

 

¿Sientes que de algún modo cuando hablas del tema estás dando un paso más hacia la solución del conflicto? La situación es muy compleja, sin embargo, me atrevería a afirmar que en cierta medida escritores como yo ponemos nuestro granito de arena… Un día recibí la llamada de una mujer: “Quiero que sepa que usted es mi héroe», – recuerda emocionado-. Me quede completamente confundido, mientras ella proseguía: “Tengo un hijo que, en sexto semestre de Medicina, empezó a andar con malas compañías y acabó dejando los estudios y adentrándose en el mundo del narcotráfico”. Me quedé sin palabras, helado. “Andrés, el día que mi hijo terminó de leer su primer libro, vino a mi casa llorando y pidiendo que lo perdonara, que le diera la oportunidad de regresar a casa y de terminar su carrera”, -narra entre suspiros el escritor-. Si de alguna forma he podido cambiar la historia de este niño y enmendar su camino, creo que ya solo por esto, valió la pena.

 

¿Cuándo escribes en quién piensas? Simplemente siento que hay historias que la gente debe conocer y éstas son las que me gusta contar. A priori, siempre intento que lo que narro me haga sentir emociones, me despierte sentimientos, entonces es cuando intento alejarme y, siendo consciente de mi responsabilidad, procuro que el personaje sea el que cuente la historia.

 

¿Escribir es una especie de terapia, un arma para redimirte? En algún momento de mi vida sí que lo fue, cuando estuve en la cárcel todos los elementos hicieron de la escritura mi vía de escape. Mi primer libro, El Cartel de los sapos, me ayudó a exorcizar mis demonios y, sobre todo, se convirtió en una forma de explicar a mis hijos quién había sido su padre y porqué estaba pagando por sus hechos y hacer frente a las versiones que rondaban por las calles cargadas de veneno. Fue una especie de catarsis, una herramienta que me ayudó a cambiar la piel como si fuera una serpiente y dejar atrás ese mundo. Hoy en día mi terapia más maravillosa es levantarme muy temprano y montarme en una bicicleta. Desconecto del mundo, estoy yo solo, con mis piernas y mis pedales.

 

¿La vida te dio una segunda oportunidad? Soy consciente de que me equivoqué en la vida, y por ello afronté las consecuencias. Mi estancia en la cárcel fue necesaria, sin embargo, la sociedad no perdona tan fácilmente y siempre tiende a juzgar.

 

Si pudieras hablar con el Andrés López de hace unos años, ¿qué le dirías? Lo mismo que le llevo diciendo todos los días de mi vida: “Que fue un completo estúpido, que se equivocó, tomó decisiones malas en la vida, llenas de consecuencias catastróficas”.

¿Sientes que el hecho de contar historias sobre un mundo que viviste desde dentro te beneficia profesionalmente? Me he encontrado en situaciones en las que he llamado a la puerta y me la han cerrado sin más, pero lo importante es tener paciencia y persistencia. Si las cosas fueran sencillas, cualquiera las haría… hay que continuar luchando. Yo simplemente trato de hacer lo que me gusta y convertir este oficio en una forma decente gracias a la cual ganarme la vida.

¿Qué papel ha jugado el amor y la familia en tu vida? Yo empecé en el narcotráfico como la mayoría, con ganas de tener a tu familia mejor, de darles comodidades, ser el hombre de la casa, pero tardé demasiado en entender que al final todo derivaba hacia la destrucción de la vida de tus seres más queridos. Doy las gracias a Dios, porque tengo unos hijos por los que voy a luchar hasta mi último suspiro y una mujer que me hizo padre de unos seres maravillosos, que aunque como mujer ya no sigue a mi lado, siempre lo ha estado como amiga, madre y compañera. Por suerte, mis padres también supieron apoyarme.

¿Cómo es tu día a día? Me levanto con todas las preocupaciones con las que lo hace cualquier ser humano. Madrugo para hacer deporte, me esfuerzo por ser disciplinado con la escritura, tanto si estoy en casa, como si estoy en la editorial o en el canal de televisión. En definitiva, lucho por salir adelante, por crearle un futuro distinto a mis hijos.

¿Cuáles son las asignaturas pendientes de Andrés López? Quiero hacer muchas cosas, por supuesto, seguir haciendo literatura, cine, televisión, documentales… Incluso me encantaría poder llegar a producir mi propia teleserie.

¿Con qué sueñas? Con una realidad en la que la gente de la calle no me condene, simplemente me vea como un ser humano que se equivocó y que hoy intenta ser de algún modo un ejemplo para todo aquel que quiere aprender de su propia historia. Sueño con estar algún día sentado en una mecedora contándoles a mis nietos historias sobre quién fue su abuelo.

¿Qué le dirías a los que siguen condenándote? Que los seres humanos en general no somos lo que escribimos, decimos o hablamos, sino lo que hacemos, y Andrés López en particular, ahora trata de hacer las cosas correctas.

*Originalmente publicado en ¡Hola! Puerto Rico (septiembre 2013).